Mujeres rurales de la Patagonia pisan fuerte en los Premios Lía Encalada 2026.
La 5.ª edición de los Premios Lía Encalada y el 3.er Foro Internacional de Género y Ruralidad reunieron en Mar del Plata a mujeres que transforman sus comunidades desde distintos ámbitos del campo argentino. Río Negro llegó con tres nominadas destacadas y el respaldo institucional de su Legislatura, mientras que La Pampa impulsó una mirada amplia sobre el papel femenino en la producción, la ciencia, la salud y la educación rural, Neuquén y Chubut también llevaron sus historias, experiencias y realidades productivas.
El campo argentino tiene muchas formas de crecer, producir y sostener sus comunidades. En la Patagonia, donde las distancias, el clima y las particularidades de cada región plantean desafíos cotidianos, las mujeres cumplen un papel fundamental en la continuidad de las economías familiares, el desarrollo de emprendimientos y la construcción de oportunidades para las nuevas generaciones.
Ese protagonismo tuvo su espacio el pasado 3 de octubre, cuando el Teatro Auditorium de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, recibió la ceremonia de la 5.ª edición de los Premios Lía Encalada 2026 y el 3.er Foro Internacional de Género y Ruralidad, organizados por Mujeres Rurales Argentinas (MRA). El encuentro convocó a unas 700 mujeres de distintos puntos del país para compartir experiencias, reconocer trayectorias y visibilizar el aporte femenino al desarrollo rural.
Para las provincias patagónicas, la participación fue una oportunidad para llevar al escenario nacional realidades que muchas veces transcurren lejos de los grandes centros urbanos, pero que resultan esenciales para la producción, el empleo y el arraigo. Río Negro, La Pampa, Neuquén y Chubut estuvieron representadas a través de mujeres vinculadas a distintas actividades, con historias que reflejan la amplitud del trabajo rural y su capacidad para generar desarrollo en cada territorio.

Río Negro y La Pampa: reconocimiento institucional y diversidad de roles.
Río Negro llegó a esta edición con un importante respaldo institucional. La Legislatura provincial declaró de interés social, económico y productivo las candidaturas vinculadas a los Premios Lía Encalada, mediante la Declaración 509/2026, en reconocimiento a su relevancia para la provincia.
Entre las nominadas rionegrinas se destacaron tres mujeres provenientes de localidades con una fuerte identidad productiva y comunitaria. Graciela Analía Machiñena, de Maquinchao, fue postulada en la categoría Economías Regionales; Marta Beatriz Suarez, de Río Colorado, en Educación Rural; Maria del Carmen Contreras, en Valor Agregado y Julia Daiana Melnichuk, también de Río Colorado, en Ganadería.
Las tres categorías reflejan diferentes dimensiones de la vida rural: el desarrollo de las economías locales, la educación como herramienta para sostener oportunidades en el interior y la producción ganadera como una actividad central para numerosas familias patagónicas.
El reconocimiento institucional también pone de relieve la importancia de acompañar y visibilizar el trabajo de las mujeres que contribuyen al crecimiento de sus comunidades, muchas veces combinando responsabilidades productivas, familiares y sociales.

En La Pampa, la participación fue coordinada por Rocío Severino, referente provincial de Mujeres Rurales Argentinas, con una mirada que buscó ampliar la representación de las mujeres en el ámbito rural.
La convocatoria pampeana no se limitó a las productoras tradicionales, sino que incorporó perfiles vinculados a la ciencia, la tecnología, la salud y la educación rural. Este enfoque permite reconocer que el desarrollo del campo depende de una red amplia de conocimientos, servicios y actividades que sostienen tanto la producción como la vida cotidiana de las comunidades.
Desde quienes trabajan directamente con la tierra y los animales hasta quienes investigan, enseñan o aportan soluciones tecnológicas, la diversidad de experiencias demuestra que las mujeres participan en múltiples espacios estratégicos para el futuro del interior argentino.
Neuquén y Chubut: el corazón productivo de la estepa y la cordillera.
En Neuquén, una delegación integrada por cinco mujeres rurales, provenientes de distintos puntos de la provincia, llevó al encuentro una diversidad de trayectorias relacionadas con la agricultura familiar, la lechería, la elaboración de alimentos y el agroturismo.
Estas actividades reflejan una ruralidad que combina producción primaria, transformación de materias primas y generación de servicios asociados al territorio. Son iniciativas que, además de contribuir a la economía familiar, ayudan a mantener vivas las comunidades y a diversificar las oportunidades laborales en zonas alejadas de los principales centros urbanos.
Entre las historias destacadas se encuentra la de Mabel Beccaria, de El Cholar, quien recibió su tercera nominación histórica en la categoría Ganadería. Su trabajo está vinculado a la cría caprina, ovina y vacuna en Ranquilco, una experiencia que representa la continuidad de la producción ganadera en el norte neuquino.
La trayectoria de Beccaria pone en primer plano el valor de las economías familiares y de quienes sostienen la actividad pecuaria en territorios donde las condiciones geográficas y las distancias requieren un fuerte compromiso con el trabajo rural. La diversificación ganadera también refleja la capacidad de adaptación de los productores a las particularidades de cada ambiente.
En Chubut, la participación de las mujeres rurales mostró la consolidación de un movimiento que busca visibilizar experiencias ligadas al asociativismo, el cooperativismo textil y lanero y el arraigo en zonas de la estepa y la cordillera.
En estos territorios, la producción se encuentra estrechamente relacionada con la identidad local y con el aprovechamiento de los recursos disponibles. El trabajo vinculado a la lana, las iniciativas asociativas y la organización comunitaria representan alternativas para agregar valor, generar ingresos y sostener actividades tradicionales.
Las condiciones climáticas extremas y las grandes distancias forman parte de la realidad cotidiana de numerosas familias chubutenses. En ese contexto, el trabajo colectivo adquiere especial relevancia para fortalecer emprendimientos, compartir capacidades y mantener oportunidades de desarrollo en el territorio.
La participación de las cuatro provincias patagónicas permitió mostrar que no existe una única forma de ser mujer rural. Hay productoras ganaderas, agricultoras familiares, educadoras, emprendedoras, elaboradoras de alimentos y trabajadoras vinculadas a las economías regionales, todas con un papel significativo en el entramado productivo y social del sur argentino.
Abrir tranqueras para fortalecer el futuro del campo.
Los Premios Lía Encalada y el Foro Internacional de Género y Ruralidad constituyen espacios para reconocer trayectorias y ampliar la visibilidad de las mujeres que contribuyen al desarrollo del campo argentino. También permiten acercar realidades provinciales, compartir experiencias y poner en valor iniciativas que nacen y crecen en contextos muy diferentes.
Para la Patagonia, llevar estas historias a una convocatoria nacional significa mostrar la fortaleza de sus comunidades rurales y la diversidad de sus actividades productivas. Desde la ganadería extensiva hasta la elaboración de alimentos, pasando por la educación, el turismo rural y el cooperativismo, las mujeres forman parte de una construcción colectiva que sostiene el arraigo y genera oportunidades.
El desafío hacia adelante es continuar ampliando los espacios de participación, acompañar los proyectos productivos y reconocer el aporte de quienes trabajan en el territorio. La equidad de género en el sector agropecuario no solo implica visibilizar a las mujeres, sino también favorecer condiciones para que puedan desarrollar sus capacidades, acceder a oportunidades y participar en las decisiones que definen el futuro rural.
Con el impulso de Mujeres Rurales Argentinas, las experiencias de Río Negro, La Pampa, Neuquén y Chubut se suman a una agenda federal que reconoce la diversidad del campo y su potencial de crecimiento.
Porque abrir tranqueras también significa generar oportunidades, fortalecer el trabajo colectivo y construir una ruralidad en la que las mujeres tengan cada vez más espacio para producir, innovar, liderar y proyectar el futuro de sus comunidades.