Concurso Tromen: cuando la pasión por el campo se aprende desde chicos
En la Exposición Rural del Neuquén, jóvenes de distintas localidades pusieron a prueba su compromiso, dedicación y conocimientos en una propuesta que va mucho más allá de la competencia. El Concurso Tromen apuesta a formar nuevas generaciones de productores, acercándolas al trabajo ganadero y fortaleciendo el vínculo entre los chicos, sus familias y el campo patagónico.
En cada animal cuidado, en cada jornada de trabajo y en cada aprendizaje compartido hay una historia que merece ser contada. Así se vivió una nueva edición del Concurso Tromen, una iniciativa educativa que, en el marco de la Exposición Rural del Neuquén, volvió a reunir a jóvenes con un objetivo común: aprender haciendo, asumir responsabilidades y descubrir todo lo que implica la producción ganadera.
La propuesta, que transita su tercera edición, se convirtió en uno de los espacios que conectan la tradición rural con el futuro. Porque detrás de cada ternero o ternera presentado hay mucho más que una preparación para competir: hay horas de dedicación, familias que acompañan, compañeros que colaboran y chicos que comienzan a construir su propio camino dentro del mundo agropecuario.
Una Rural que busca integrar a todo el campo neuquino
Para la Sociedad Rural del Neuquén, el Concurso Tromen forma parte de una mirada más amplia sobre el papel de la institución y su vínculo con las nuevas generaciones. La exposición no es solamente una vidriera de genética y producción, sino también un lugar de encuentro, capacitación e intercambio entre productores de distintos puntos de la provincia y de la región.
Cecilia de Larminat, presidenta de la entidad, destacó la importancia de abrir las puertas de la Rural para que participen productores y familias de diferentes procedencias y escalas productivas. Ese trabajo, explicó, se construye a lo largo del tiempo, con reuniones en el interior, capacitaciones y espacios que permitan acercar a quienes quizás antes no se sentían parte de estos ámbitos.

En esa misma línea, remarcó el valor de la participación juvenil y la necesidad de que los adultos acompañen a quienes vienen detrás, dándoles lugar para opinar, proponer y asumir responsabilidades.
“Me gusta mucho trabajar con jóvenes”, expresó, al señalar que existe una responsabilidad de acompañarlos, formarlos y abrirles las puertas para que puedan ocupar espacios dentro de las instituciones y del sector.
Esa mirada se refleja en el espíritu del Tromen: hacer del campo un espacio de aprendizaje, participación y pertenencia, donde las nuevas generaciones no sean solamente espectadoras, sino protagonistas.
Tromen: aprender a producir, cuidar y comprometerse
La iniciativa nació de una conversación entre la médica veterinaria Eugenia Hiriart y Joaquín Ferreira, quienes comenzaron a imaginar una propuesta inspirada en concursos de recría de animales que se realizan en Estados Unidos, pero adaptada a las características y necesidades de Neuquén y de la Patagonia.
Con el acompañamiento de la Sociedad Rural del Neuquén, la idea tomó forma y comenzó a desarrollarse. Desde entonces, el proyecto fue creciendo y sumando mejoras en cada edición. La tercera edición representa un nuevo paso en ese proceso, con la expectativa de seguir consolidando una experiencia educativa que pueda extenderse a otras regiones.
Hiriart destacó que uno de los principales objetivos es que los participantes comprendan las metodologías y tecnologías que se utilizan en la producción ganadera, pero también que incorporen el compromiso cotidiano que implica estar al cuidado de los animales.
El concurso permite acercarse al trabajo que se realiza en las cabañas, conocer la importancia de la genética y valorar la tarea de los productores que trabajan en la selección y el desarrollo de los rodeos.
Los animales son donados por productores que deciden sumarse a la propuesta. Ese aporte resulta fundamental para hacer posible la experiencia y refleja el compromiso de quienes entienden que invertir en la formación de los jóvenes también es apostar al futuro de la actividad.
Aunque participan animales de distintas razas, el eje del concurso no está puesto en la competencia entre ejemplares, sino en el trabajo, la dedicación y el aprendizaje de los chicos. Lo que se busca evaluar y promover es el compromiso asumido por cada participante durante el proceso.
La convocatoria está abierta a toda la región patagónica y reúne tanto a estudiantes de escuelas vinculadas con la actividad agropecuaria como a jóvenes que se presentan de manera individual. Estos últimos, muchas veces, deben organizarse por su cuenta y contar con la ayuda de sus familias para cumplir con las tareas diarias, sin descuidar sus obligaciones escolares.
Alimentar, limpiar, bañar, caminar y acondicionar al animal son parte de una rutina que exige constancia. No alcanza con llegar a la exposición: el verdadero trabajo comienza mucho antes, en cada jornada dedicada a su cuidado.
Valentín y María José: el esfuerzo detrás de cada animal
El sentido más profundo del Concurso Tromen aparece cuando toman la palabra sus protagonistas. En sus relatos se mezclan los nervios de una primera experiencia, la satisfacción por los objetivos alcanzados y la certeza de que el aprendizaje continúa mucho después de la competencia.
Valentín, estudiante de la EPEA N.º 2 de Plottier, participó por primera vez con una ternera Aberdeen Angus negra. La experiencia no fue sencilla al comienzo, pero el trabajo en equipo permitió superar las dificultades y llegar a la exposición.

“Fue complejo, pero bueno, logramos aunque sea estar dentro”, contó, con la sencillez de quien sabe que cada paso conseguido tiene detrás un esfuerzo compartido.
En su escuela, los estudiantes acondicionaron un espacio para recibir al animal y procuraron brindarle las comodidades necesarias. El grupo, integrado por chicos de distintos cursos, encontró en la tarea una oportunidad para fortalecer el compañerismo y aprender a organizarse alrededor de una responsabilidad común.
Valentín describió la experiencia como algo muy positivo para ser la primera vez y dejó abierta la posibilidad de volver a participar el próximo año. Su testimonio refleja uno de los logros centrales del proyecto: que los jóvenes se animen a dar el primer paso, aprendan de las dificultades y descubran que el trabajo compartido hace posible alcanzar objetivos.
La historia de María José Figueroa, de Plottier, muestra otra forma de transitar el concurso. Ella se presentó de manera individual y trabajó con una ternera en una chacra cercana a su casa, cedida por amigos de sus padres.

Su rutina exigía organizarse para ir todos los días a alimentarla, bañarla y caminarla. La dedicación también involucró a toda su familia, que la acompañó con los traslados y las tareas, incluso durante los días de lluvia.
María José llegó al Tromen motivada por la posibilidad de vivir una experiencia nueva. Aunque ya conocía la Rural por haber asistido en otras oportunidades, esta vez decidió involucrarse desde otro lugar: como participante y responsable del cuidado de un animal.
“Quería aprender. A medida que iba avanzando el concurso, iba aprendiendo. Aprendí mucho”, relató.
El esfuerzo tuvo su recompensa: María José obtuvo el primer puesto con su ternera, Rebeca. Una alegría especial por tratarse de su primera participación y por todo el trabajo que hubo detrás del resultado.
Sin embargo, más allá del reconocimiento, su experiencia deja ver el valor de animarse a hacer algo diferente, descubrir nuevas capacidades y compartir el camino con quienes acompañan desde el comienzo. Entre risas, incluso imaginó que el año próximo podría ser su hermano quien se sumara al concurso con corderas.
Dos historias distintas, una misma enseñanza: el campo se aprende con tiempo, responsabilidad y pasión. En la escuela, en una chacra o junto a la familia, cada joven encuentra su manera de involucrarse y de construir un vínculo propio con la producción.
Mucho más que una competencia
El Concurso Tromen demuestra que la formación agropecuaria también se construye a partir de experiencias concretas. Cuidar un animal enseña a reconocer sus necesidades, sostener rutinas, resolver problemas y comprender que el bienestar depende de una atención constante.
En esta edición del Concurso Tromen participaron estudiantes de distintas instituciones educativas de la región, entre ellas la EPEA N.º 1, la EPEA N.º 2, la EPEA N.º 3 y la EPEA N.º 4, junto con el Centro Educativo Rural (CER) y la Escuela Albergue N.º 262. Los participantes llegaron desde distintas localidades, como Plottier, Las Ovejas, San Patricio del Chañar, Pilca Viejo y Los Guañacos, entre otras procedencias. La propuesta también convocó a jóvenes que se presentaron de manera individual, demostrando que el interés por la producción ganadera trasciende las aulas y se fortalece con el acompañamiento de las familias y la comunidad rural.
Al mismo tiempo, la propuesta fortalece los lazos entre escuelas, familias, productores e instituciones. Los chicos aprenden de quienes tienen más experiencia, pero también aportan entusiasmo, preguntas e ideas nuevas. Y los adultos encuentran una oportunidad para transmitir conocimientos y acompañar a quienes mañana tendrán que tomar decisiones dentro de la actividad.
Por eso, el valor del Tromen no se mide solamente en los resultados de una competencia. También está en las horas dedicadas al cuidado, en la solidaridad entre compañeros, en las familias que reorganizan sus días para ayudar y en el orgullo de llegar a la exposición con el trabajo hecho.
Hiriart expresó su deseo de que la iniciativa continúe creciendo y pueda replicarse en otras provincias. Que el concurso se vuelva contagioso y encuentre nuevos espacios donde los jóvenes puedan acercarse a la ganadería es, para sus impulsores, una aspiración que va más allá de una edición.
El futuro del campo también se construye con los jóvenes
En una actividad que necesita continuidad, conocimiento y capacidad de adaptación, acercar a las nuevas generaciones al trabajo ganadero es una forma concreta de pensar el futuro. El relevo generacional no ocurre de un día para otro: se construye cuando los jóvenes encuentran oportunidades para participar, cuando reciben acompañamiento y cuando pueden aprender a partir de la experiencia.
El Concurso Tromen reúne todos esos elementos en una propuesta que combina educación, tradición y compromiso. Cada participante se lleva conocimientos y recuerdos, pero también la experiencia de haber asumido una responsabilidad real y de haber sido parte de una comunidad que apuesta por su formación.
En la Exposición Rural del Neuquén, entre animales, familias y productores, el Tromen deja una señal alentadora: el futuro del campo comienza a construirse mucho antes de llegar a la adultez, en cada aprendizaje, en cada tarea compartida y en cada chico que descubre que también tiene un lugar en la vida rural.